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    Dioses Errantes

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    Edmund Dantés
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    Dioses Errantes

    Mensaje por Edmund Dantés el Sáb Mayo 04, 2013 11:48 am

    Hola a todos.

    En primer lugar me gustaría pedir perdón por haber estado tan "ausente del foro". Un incremento del trabajo y las ocupaciones de mi vida diaria me han impedido estar aquí tanto como hubiese querido pero prometo enmendar ese error.

    Aquí os presento los dos primeros capítulos de mi Fanfic: "Dioses Errantes".

    Mi objetivo es darle a este fic un ambiente que, sin contradecir a la serie, tenga una estética próxima a la fantasía épica y mitológica, esto quiere decir que temas que en la show serían totalmente tabú (como sangre o muerte) sí que pueden ser un tema central del relato.

    Por otro, la lógica interna del mundo en el que se desarrolla la historia es próxima a la de "Juego de Tronos" u otras sagas de fantasía medieval con tintes de intriga, magia y política. Una visión particular y propia de Equestria que respete las personalidades de los personajes principales.

    El trasfondo del relato intentará incluir elementos de épica, política e incluso psicología sin olvidarse del ensalzamiento de la amistad que constituye el pilar central de My Little Pony.

    Espero que les guste y agradaceré cualquier opinión o sugerencia que tengan a bien hacerme.


    CAPÍTULO I:A LAS PUERTAS DEL TÁRTARO

    Spoiler:
    Con gran esfuerzo el unicornio abrió sus ojos. Al principio su vista estaba nublada por el dolor, sus patas le dolían, su cabeza le estallaba, su pecho le explotaba… apenas si podía moverse, y lo peor era que su espíritu estaba tan quebrado como su cuerpo.

    Estaba en una gruta subterránea, en una pétrea sala revestida de oscura majestad: el lugar era una auténtica obra de arte. Ante sus ojos se abría una bóveda de piedra profusamente ornamenta con un fresco del cielo de verano, con las constelaciones pintadas con tal realismo que se hubieran dicho reales, incluso brillaban pálidamente, quizás efecto de un conjuro de eras pretéritas.

    Por debajo de esta cúpula en las paredes se representaban tallas que contenían la historia completa de Equestria y los ponis que la habitaban: desde los enfrentamientos iniciales entre unicornios, pegasos y ponis de tierra en el principio de las edades hasta la lucha final de la reina Chrysalis contra Shinning Armor y la Princesa Cadence: cada generación, cada acontecimiento relevante, cada gloria, cada traición, cada amenaza interna o externa, grande o pequeña… Todo había quedado consignado en esas paredes. El unicornio paseó sus mirada por ellas, pero apenas si podía ver, sus ojos estaban oscurecidos por la sangre y por algo más, tardó un instante en comprender que eran lágrimas… había estado llorando.

    Por último centró su vista en la estrella de cinco puntas grabada en el suelo, cuyos surcos estaban rellenos de un líquido que brillaba con un color verde malsano. Fuera de esa estrella yacían varios cuerpos, muertos o moribundos y en su centro se erguía un orgulloso altar… Un altar con una poni sobre él, quizás inconsciente, quizás muerta.

    El unicornio cerró los ojos una vez más, le costaba fijar su atención, respirar era una prueba insoportable. Intentó concentrarse en tomar aire, bocanada tras bocanada, inspiración y expiración… pero todo era inútil: su pecho era puro fuego y, por más aire que inhalase sencillamente el oxígeno no parecía alcanzar su sangre.

    Tosió primero débilmente, después con más fuerza, y el aire se llenó de diminutas gotas de sangre que bañaban su hocico y flotaban unos instantes antes de caer en tierra: no cabía duda, se moría, se moría sin remisión, pero eso no era lo que le importaba, no era lo que realmente le dolía.

    Volvió a abrir los ojos y miró ávidamente al altar, fijándose en cada uno de los rasgos de la poni sobre él. Intentó grabar en su memoria cada movimiento, cada gesto. Quizás a esa distancia no se distinguiesen demasiado bien los detalles, al menos cinco metros mediaban entre el unicornio y el altar: pero ella era inconfundible… ver su cuerpo inerte y su crin lacia y manchada de sangre le dolía más aún que la certeza de que cualquier bocanada de aire podía ser la última que inhalase.

    Por un segundo olvidó la pena, olvidó su respiración dolorosa y entrecortada, olvidó incluso la muerte, su propia identidad y sólo pensó en ella… Quizás había llegado demasiado tarde, si ahora estaba muerta era porque no fue lo bastante rápido al actuar, en llegar al lugar.

    -Santa diosa de los ojos glaucos, de mirar sereno y andar seguro… Campeona sobre los horrores de las profundidades, señora por igual del escudo, de la pluma y de la rueca… siempre te he servido y nada he pedido para mí… Pero ahora, a las puertas de mi muerte, ahora que sé que he de verte cara a cara durante el viaje sin retorno te lo suplico… te lo suplico…- La voz era un susurro, ronco, bajo, inaudible… apenas un siseo interrumpido por las sibilancias y la tos.

    Sin fuerzas bajó la mirada hasta su pecho, allí dónde hasta hace un momento había estado su collar sólo había una quemadura, marcada en su pelaje y su carne… en sus pezuñas había sangre fresca, aunque la mayor parte no era suya… sangre espesa y oscura, sangre de estirpe de reyes.

    Todo era inútil, cerrando los ojos finalizó su súplica e intentó disponer su alma para el tránsito pero no pudo… no con semejante carga.
    Tras unos instantes que pudieron ser tanto unos pocos segundos como una eternidad notó que unos cascos se posaban sobre sus hombros y… allí estaba ella, quizás fuera producto del delirio pero la poni había bajado del altar para ponerse frente a él, con un ademán triste y un deje dolido en la mirada.

    -Gracias a la diosa… Ahora… ahora puedo morir en paz.- El unicornio no esperó la respuesta, abandonándose invitó a la Parca a entrar en él, un segundo después había perdido la consciencia.

    CAPÍTULO II: REUNIÓN EN LA GRAN GALA

    Spoiler:
    Los pasos de Black Blood eran lentos y metódicos, una cadencia cuyo eco se perdía entre el bullicio de los invitados en el gran salón, si afinaba su oído podía incluso distinguir alguna voz concreta dentro del coro de conversaciones y canciones en que se había convertido la Gran Gala.

    Desde lo alto de la arcada, en el piso superior del palacio se permitió echar un vistazo al salón de recepciones: la Princesa Celestia recibía a los invitados uno a uno, deseándoles una feliz noche. A su lado su alumna Twilight hacía lo mismo, situada junto a su maestra y señora. Black Blood se preguntaba si la yegua sería consciente del gran honor que significaba aquel puesto, sin duda era algo que muchos ponis le envidiaban, como atestiguaban sus miradas celosas.

    Por un momento Twilight miró hacia arriba y lo vio: un unicornio con el pelaje y la crin de color negro noche y unos ojos pardos que parecían taladrar el alma de quien lo miraba, su cuerno era largo, del color del azabache pero con un tenue brillo blanquecino. Sobre su grupa llevaba una capa de color granate muy oscuro, ribeteada en plata, con un broche en forma escorpión que sujetaba la prenda en la zona de su pecho, completaba su atuendo un calzado del mismo color que su capa. El conjunto era el de un ser elegante pero perturbador, con un toque de exótico misterio. Por un momento los pensamientos de la yegua se dirigieron hacia él pero, un parpadeo después, Black Blood había desaparecido y Twilight se sumió de nuevo en la tediosa rutina de la recepción.

    Black Blood estaba seguro de que la joven yegua lo había visto, la verdad estaba intrigado por ella, había salvado Equestria de Nigthmare Moon y nunca había visto a Celestia tan encariñada por ninguna alumna. Era esta curiosidad el motivo por el que Black Blood había convocado una pequeña reunión con el Jefe de la Guardia Real para aquella misma noche, aprovechando que ambos querían escabullirse del bullicio de la Gran Gala.

    No pasó mucho tiempo antes de que el blanco unicornio se reuniera con el negro, ambos se dieron cita en una confortable sala custodiada por dos estatuas que representaban guardias de palacio en posición de combate.

    -Salud, Shinning Armor, espero que la protección adicional de la Gala no os esté dando demasiados quebraderos de cabeza.

    Shinning Armor se encogió de hombros, a pesar de los impecables modales de Black Blood había algo en él que le desagradaba, quizás esa forma de dejar caer comentarios hirientes cuando lo deseaba, o de poner en duda cada palabra que su interlocutor le decía, aunque le dedicase la más cálida de las sonrisas.

    -La protección está garantizada: mis pegasos controlan el cielo y he asignado una patrulla adicional de unicornios a vigilar el perímetro, tal y como me sugeristeis.
    Black Blood sonrió, satisfecho.

    -Bien, bien. Como comprenderéis no son esas nimiedades por las que os he convocado. Mis contactos entre las potencias exteriores están preocupados… MUY preocupados… Malos vientos se avecinan. Casi todos hablan entre susurros del resurgir de viejos males: los dragones más antiguos yacen inquietos en su sueño y bestias salvajes que no habían sido vistas desde hace siglos vuelven a hacer su aparición: hidras, basiliscos… Y hay quien no duda de que todo esto tiene que ver con el mismo alineamiento cósmico que nos ha traído de vuelta a Nigthmare… quiero decir, a la Princesa Luna.-Sonrió torpemente como queriendo enmendar su falta, Shinning lo miraba con ojos inexpresivos.

    -Sea como sea cada vez que investigo cada suceso los nuevos elementos de la armonía están involucra…-Shinning Armor interrumpió a su interlocutor dando una fuerte patada contra el suelo.

    -¡Espero que no estéis acusando de nada a mi hermana!- Dijo el capitán de la guardia con un tono frío y acerado.

    -Si quisiera acusar de algo a vuestra hermana sería con ella y no con vos con quien estaría hablando.-El tono era gélido, parecía que la temperatura de la habitación había descendido varios grados.- ¿Cuántos años llevamos trabajando juntos capitán? Quizás no os caiga demasiado bien pero haríais bien en intentar disimularlo un poco más.

    Black Blood suspiró mientras negaba ligeramente con la cabeza.

    -No merece la pena que nos enfademos Shinning, la seguridad de Equestria suele depender de nuestra colaboración.- El cuerno de Black Blood brilló con destellos rojizos, al tiempo que la magia invocada abría una pequeña alacena y hacía levitar dos copas y dos botellas hasta la mesa que había entre ellos.- ¿Vino o sidra?- Aunque el tono se había vuelto repentinamente amable Shinning sabía que Black Blood no era un unicornio que fuese a olvidar el enfrentamiento que se había producido entre ambos.

    -Sidra… por favor.- Las dos botellas, envueltas en un rojo halo, se descorcharon y vertieron el contenido en las copas.

    -Yo tomaré vino, como siempre… ¿Por dónde íbamos? ¡Ah sí! Vuestra hermana.- Se interrumpió para saborear el vino, aprovechando el momento para evaluar el rosto de Shinning Armor que, en aquel momento, era una máscara inexpresiva.

    -Twiligth Sparkle… Raza unicornio, pelaje morado, 24 años… Y unas capacidades mágicas sin par entre los unicornios. Elemento de la Magia y salvadora de Equestria ante la amenaza de Nigthmare Moon… Extremadamente inteligente, conocedora y usuaria habitual de un centenar de conjuros, especial maestría en el teletransporte… y un larguísimo etcétera- Black Blood enumeraba los rasgos con tanta facilidad como si los estuviese leyendo, pues uno de sus méritos era una impecable memoria que le permitía aprender palabra por palabra informes completos.

    -Y ahora viene la pregunta delicada… Quiero que comprendáis bien que no quiero hacer ningún daño a los elementos de la armonía, la salvación de Equestria es mi único objetivo en este reino, y ellas son esa salvación. Pero necesito saber todo lo que pueda de ellas, es imprescindible que entienda como encajan en estos tiempos de cambio que estamos viviendo.

    -Twilight es vuestra hermana, os habéis criado con ella. Para bien o para mal es la líder indiscutible de los nuevos elementos de la armonía. Su alma, por así decirlo. Y mi pregunta es, más allá de lo que dicen mis informadores… ¿Quién es Twilight Sparkle? ¿Qué se puede esperar de ella?-
    La mirada de Black Blood era más penetrante que nunca, parecía taladrar el alma de Shinning Armor.

    La charla se prolongo durante casi dos horas. Finalmente el capitán de la guardia y Black Blood parecieron encontrar una forma de entenderse y juntos hablaron cordialmente de cada una de las muchachas y su papel en la derrota de Nigthmare Moon.

    Finalmente Shinning Armor se levantó de su asiento y se dirigió a la salida, no sin antes dirigir una mirada a Black Blood.

    -¿Por qué no habláis vos mismo con ellas? Esa es la única forma de conocer a una persona.

    -Cuando queréis sois encantador, pero también inocente. Primero quiero saber como la ve su entorno, pero tenéis razón… pronto llegará el momento de conocerla personalmente.- Un enorme estruendo interrumpió a Black Blood, ambos sementales galoparon hasta la arcada que se alzaba sobre la gran sala, preocupados por saber que había ocurrido.

    El caos era indescriptible… las seis amigas se las habían ingeniado para práctica derribar el lugar, permitiendo que todo el zoológico de Canterlot entrase en el palacio. Por un momento el unicornio blanco y el negro se miraron el uno al otro con cara de consternación.

    Finalmente ambos estallaron en una enorme carcajada compartida.

    -¿Sabéis Shinning Armor? ¡Me caen bien esas chicas, realmente me caen muy bien!- Las risas de ambos siguieron resonando todavía un buen rato, mientras el caos en el palacio no hacía sino aumentar.


    Capítuo III: El sueño de Rarity

    Spoiler:
    La mañana trascurría de forma tediosa. Por tercera vez Black Blood revisó el informe que tenía delante, referente a la derrota de Discordia. Los elementos de la armonía superaban todas sus expectativas… a decir verdad, era Twilight Sparkle quien no hacía sino sorprenderle. Si la detallada descripción que le había dado Lyra era cierta esa unicornio era la maga más grande que había surgido desde Swirl the Bearded, por encima de Luna, de Shinning Armor y de él mismo… incluso alguien podía sugerir que por encima de la propia Celestia.

    Aunque no todo el mérito era de la yegua, por más que le pesase a Black Blood tenía que reconocer que Shinning Armor había dado en el clavo, fue suya la idea de renviarle las misivas a su hermana.

    Fue este el plan que se planteo durante el gabinete de crisis que habían celebrado Celestia, Luna y los dos unicornios, después de que Black Blood informase de lo que estaba ocurriendo en Ponyville. Era increíble que sus redes de información siguiesen funcionando en medio del caos absoluto, pero así había sido.

    Esta acción combinada les valió a ambos los mayores elogios por parte de las princesas pero no acerco más sus posturas. Ambos se habían abstenido de ir a la gran fiesta en honor de los elementos de la armonía y sólo se habían dado sus parabienes fríamente.

    -Quizás deba intentar limar asperezas con él. Que Discordia resucitase sin que reaccionásemos fue lamentable, y en estos tiempos que corren, si el Casco y el Capitán de la Guardia no colaboran…- El hilo de sus pensamientos se interrumpió, un casco golpeó a su puerta primero dos veces, luego otra.

    -¡Adelante!- Exclamó Black Blood, quizás era el mensaje que llevaba horas esperando.

    La puerta se abrió para dejar paso a un pegaso de color gris claro, con una crin que alternaba toda una gama de dorados, grises y plateados de forma que su cabello parecía el reflejo de un atardecer tormentoso. Iba engalanado con atuendos militares, similares a los de los guardias de Celestia o Luna pero, en este caso, el color de la armadura era plateado, con ornamentos en pecho, calzado y un penacho en el yelmo de color granate oscuro, en el peto lucían el símbolo de una pata blanca estirada, con el casco bañado en oro viejo.

    -Dusk Wind, bienvenido-El pegaso era el capitán de la Guardia del Casco. En realidad una pequeña cuadrilla compuesta de tan sólo doce ponis especialmente elegidos por el propio Black Blood. Desde luego no eran una fuerza de combate pero todos ellos tenían habilidades únicas, y una enorme deuda contraída personalmente con el unicornio en algún momento de su vida.

    Poniéndose firmes y con un rápido saludo Dusk Wind tendió un pergamino a Black Blood. La verdad el poni era excesivamente ceremonioso y de pocas palabras, pero también un bravo luchador y tenía una de las mejores técnicas de vuelo que había visto nunca, de hecho había pertenecido a los Wonderbolts antes de entrar a su servicio.

    -Rarity… ¡Por fin! Ya pensé que esos estirados ni siquiera iban a molestarse en hacer lo único en lo que son realmente buenos- Black Blood se volvió hacia su capitán de la guardia.

    - Dusk Wind, por favor, haz saber a Fancypants que el Casco de Celestia quiere ser su invitado en su fiesta de esta noche. Si se pone muy nervioso aclárale que no se preocupe, que no es una visita oficial.- Black Blood no ignoraba el pequeño negocio de contrabando que se traía entre manos el noble, pero la verdad no le importaba demasiado, mientras no se extralimitase todo estaba bien.

    -Sí, señor. Así se hará- Fue la única respuesta. Dusk Wind abandonó la estancia igual que había entrado, con un saludo militar y sin una palabra más.

    La sensación que invadió entonces a Black Blood fue muy extraña… Estaba contento, expansivo, incluso podía decirse que nervioso. Hacía ya más de tres años que no acudía a las fiestas banales que daba la nobleza, ni siquiera para ejercer sus funciones… Pero esta noche seria distinta.

    -Por supuesto no es por Rarity, tan superflua como el mismo Fancypants… Bueno en realidad sí, sí indirectamente.- Su mente era un auténtico remolino, capaz de alumbrar una idea y su contraria con asombrosa rapidez.-El elemento de la generosidad… una heroína en toda Equestria, y de una gran belleza…

    Al darse cuenta de que estaba haciendo cabriolas sobre sus patas traseras el unicornio se detuvo de repente. Afortunadamente nadie lo veía allí. En un parpadeo recupero el semblante serio y reposado que le era habitual.

    -Seamos sensatos, el mayor deseo de Rarity es el príncipe azul… Por desgracia, yo solo puedo darle el príncipe Negro, y eso será lo que tenga… a cambio yo recibiré sus pensamientos.- El curso de sus ideas volvía a ser sumiso a su voluntad.

    Black Blood se dirigió a su armario ropero. No se podía decir que fuera un gran aficionado a la moda pero sí sabía cómo inspirar sentimientos a sus interlocutores a través de su atuendo, y había aprendido a explotar su extravagante aspecto tanto para suscitar interés como recelo, según conveniencia.

    Para esta ocasión eligió un conjunto que denotase sus orígenes: Larga capa de brillante seda roja ribeteada con una greca color oro, ceñida en la parte superior de sus patas delanteras por dos prendedores con forma de flores de Lis, el corazón de cada uno de los cuales era un zafiro.

    Dudó aún un buen rato antes de decidir con qué cubrir su cabeza… Ir sin ningún complemento daría una mala impresión a Rarity, mientras que un sombrero o un casco parecerían fuera de lugar. Black Blood jugueteó con una corona de laurel de oro, pero la desechó un segundo después, hacía ya mucho de su victoria sobre las Gorgonas y llevarla en este momento parecería demasiado ostentoso.
    La opción ideal resultó ser una fina tira dorada que colocó ciñendo sus crines y su frente. Se miró un momento al espejo… “Un atuendo ni demasiado complejo ni demasiado sencillo… Excelente” pensó mientras deseaba que llegara ya la noche.
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    Rarity se encontraba en su elemento, tanto que el vestido para Twilight había pasado a ser un tema totalmente secundario. Por fin estaba dónde debía: entre la nobleza, con un coro de admiradores que laureaban cada palabra que decía y le daban la razón automáticamente en la más nimia de sus opiniones. Si había un paraíso no podía ser mejor que aquello.

    La fiesta era excelente, la bella unicornio hablaba y hablaba mientras diversos manjares le eran ofrecidos. Por un momento dudó entre dos pastelitos y todo el mundo contuvo el aliento esperando a que ella fuese la que eligiese primero… Rarity disfrutó del instante fingiendo una indecisión que no sentía… Tras una teatral espera escogió uno de los aperitivos y todos los invitados a su alrededor se decantaron por el mismo inmediatamente ¿Podía aquello mejorar aún más?

    En aquel momento el chambelán abrió la puerta y dos ponis de tierra, ambos miembros de la Guardia del Casco, hicieron su aparición, flanqueando la entrada a un unicornio negro que los seguía, engalanado en oro y seda roja.

    -¡Príncipe Black Blood! ¡Os damos la bienvenida, Casco de Celestia!- Fancypants se había levantado de su sitio tan apresuradamente que apunto estuvo de derribar su copa. El poni empezó a transpirar con evidente embarazo. Black Blood asintió ligeramente con la cabeza devolviendo el saludo, mientras con su magia cogía un pastel de la bandeja, quizás por casualidad su gusto fue el contrario al del resto de los invitados.

    Los oídos de Rarity se afinaron de repente… ¿Príncipe? ¿Había otro príncipe en Canterlot que no fuera el odioso BlueBlood? Sacó discretamente un pequeño espejito para comprobar que estaba tan divina como siempre. Hasta tal punto se olvidó de lo demás que no escuchó las cortesías de rigor que se intercambiaban entre anfitrión e invitado.

    -Mi querido Fancypants, ¿No me presentaréis vuestra invitada de honor?- Black Blood hizo todo lo posible por adoptar el tono afectado que caracterizaba a la nobleza, le disgustaba profundamente interpretar ese papel pero era lo que todos esperaban de él.

    -Rarity… mi nombre es Rarity, Excelencia- se apresuró a presentarse la yegua atropellando las palabras, sin nada de su habitual tono melodioso y pausado.

    -Sois modesta, muy modesta… En realidad sé quien sois: Rarity, Elemento de la Armonía, Adalid de la Generosidad, Dos Veces Salvadora de Equestria. Todo el reino, y por ende mi humilde persona, os damos las gracias por vuestra heroica gesta.- Respondió solemnemente inclinando la cabeza ante ella y acercándose para depositar un leve beso en su pata delantera. Black Blood intentó por todos los medios que su voz sonase tranquila y profunda pero… ¿no se había acelerado demasiado?

    Ante las palabras del Casco toda la mesa contuvo un “Oooh” admirativo, la mayoría no sabían nada del papel de Rarity en las derrotas de Nigthmare Moon y Discordia, la yegua engalanó el blanco de su cara con un encendido rubor que aumentó su atractivo.

    -Supongo que me disculparéis si os robo un segundo a vuestra estrella invitada, ¿Verdad?- Inquirió Black Blood. Fancypants aceptó de inmediato y ambos salieron a dar un paseo por los jardines.

    Rarity sonreía como una colegiala en la primera cita, mientras que Black Blood era tan encantador como no lo había sido en años… Se esforzaba por pensar que sólo era una noche de trabajo más, que su mayor interés en la yegua no era ella misma… al menos una de las dos cosas era cierta.

    -¡Qué hermosa noche Excelencia! ¡Y que encantadoras rosas! ¡Sencillamente encantadoras!- Gorjeaba Rarity con manifiesto deleite.

    “Se ve que la muchacha usa la misma estrategia con todos los príncipes”, pensó Black Blood, pero la ironía era una voz discordante y minoritaria en una mente embriagada por otros sentimientos. La energía que notaba en torno a Rarity era fuerte, fuerte y posesiva.

    -No me llaméis Excelencia, para ti soy Black. ¿Y como podría una humilde rosa ser digna de vos?- ¿Qué diablos estaba diciendo? Eran requiebros propios de un pecoso adolescente, algo en su ser le exclamaba que se estaba comportando como un completo idiota, pero con eso y con todo Black Blood se sentía bien.

    El negro unicornio invocó su magia y pronto destellos rojo y grana prendieron dos rosas rojas de los cabellos de Rarity, cuyo rostro adquirió el mismo color que las flores.

    Pasearon por los jardines. Después de un corto rato la mente analítica de Black le indicó que la distancia personal entre ellos se había reducido peligrosamente, y no era una perspectiva que lo desagradase… ¡Pero… por el amor de Celestia, ese NO era su cometido allí!

    -…Y eso es lo que hago en Ponyville: ¡Diseñadora! Es la profesión más maravillosa del mundo… Mis vestidos pueden verse a lo largo de toda Equestria… ¡A Photofinish le sirvieron de inspiración y espero que lleguen a la misma Canterlot!- Se notaba cuánto le gustaba a la yegua su trabajo.

    La pareja se había retirado a un pequeño quiosco en mitad del jardín, situados frente a frente, con Rarity cómodamente sentada sobre la capa de Black Blood. Para la muchacha aquello era un sueño hecho realidad… un príncipe, por fin un príncipe se había fijado en ella.

    -¿Y cuál es vuestro trabajo? Quiero decir… Aparte de ser príncipe- La pregunta podía sonar estúpida, pero había algo en la mirada de Rarity que le hacía ganar trascendencia, como si la muchacha quisiese beber cada palabra de la respuesta.

    -El trabajo de un príncipe es el que tiene mi primo BlueBlood. Ejercer todo el santo día de pavo real. Seamos sinceros, aunque Celestia y Luna se proclamen princesas bien podrían llamarse reinas, emperatrices o diosas. Nosotros somos simples infantes, sangre real pero nada de poder por el título… Ahora bien, ser Casco ya es otra cosa, eso sí conlleva… influencia.- Black Blood se preguntó si no estaba hablando de más, llevaba mucho tiempo escuchando a Rarity contarle con todo lujo de detalles su vida y profesión, dejándose arrullar por su voz y sus palabras, también por sus cumplidos. Y ese no era el plan, nada estaba saliendo de acuerdo con el maldito plan.

    -Y ¿qué hace un Casco?, Excelen… Black- Sus ojos se clavaron en él de una manera que hizo que Black Blood sintiese un cosquilleo en las patas.

    -Pues… veréis… Básicamente…Quiero decir…- ¿Qué tal si intentas construir una frase completa? Le susurró una voz en su interior. El semental tomó aire.

    -Bien, alguien tiene que ayudar a las princesas en el gobierno, en temas delicados y, muchas veces, no oficiales. Un Casco hace todo lo que debe en nombre de Celestia y por el bien de Equestria: cumple sus órdenes pero también debe tener iniciativa individual- El unicornio sacó pecho, dándose importancia.

    -Quizás un ejemplo lo ilustre mejor: La ruta migratoria de los dragones pasaba por el lugar dónde se fundó Ponyville, allí los dragones descansaban, quemaban grandes secciones del bosque Everfree y se dedicaban a sus brutales juegos. Cuando los colonos se establecieron hubo varios heridos en la primera migración, incluso un muerto. Yo logré sobornar a su timonel con gemas y desviar su ruta migratoria para que dejaran Ponyville en paz.- Por supuesto Black Blood no comentó que el primer timonel con el que había tratado no había sido tan colaborador y que, por el bien tanto de ponis como de dragones, se aceleró su jubilación del cargo de forma rápida y eficaz.
    Rarity parecía impresionada.

    -¡Dragones en el bosque Everfree! ¡Nunca me gustó ese sitio, no es propio de una dama! Con ese horrible castillo en ruinas dónde resurgió Nigthmare Moon…

    Black Blood estiró sus orejas… Parece que la conversación se había encauzado por sí sola al sitio dónde él quería llegar.

    -Cuéntame cómo lograsteis derrotarla.- Con ademanes teatrales Black Blood cogió las patas delanteras de Rarity entre las suyas. La verdad, el unicornio ya no era capaz de decir que parte de sus actuaciones eran fingidas o exageradas y cuáles reales… en cualquier caso disfrutaba del momento tanto como podía.

    Rarity contó con pelos y señales toda la historia, aunque el casco pensó que quizás había exagerado un poco su participación en los hechos, hacía que la protagonista pareciera ella y no Twiligth como le había informado la propia Luna.

    -Y entonces Twilight se quedó sola con Nigthmare Moon… ¡La peor cosa que podía suceder! Y nosotras perdidas a la puerta de aquellas… aquellas tenebrosas catacumbas… Pero Twilli sabe defenderse sola e hizo algo increíble…- El relato prosiguió pero Black Blood ya no le prestaba atención… ¿¿Catacumbas, catacumbas en el castillo?? ¡Hacía siglos que se habían perdido! Que ahora su entrada reapareciese era… inesperado cuanto menos.

    -Ya casi amanece Black, debo retirarme pero… ¿Os volveré a ver?- Dijo la yegua cuando acabó su relato. En su voz había un deje indefinible ¿Esperanza? ¿Alegría?

    -Tan pronto como mis obligaciones me lo permitan, os lo prometo. Ahora os acompañaré a vuestros aposentos Rarity, no quiero que estéis sin compañía por Canterlot a estas horas.

    Al rato ambos se encontraban ante la puerta de la habitación de Rarity. Se pararon, frente a frente, cruzaron una mirada intensa, el fuego del alba empezaba a adornar el cielo.

    -Antes de que os vayáis…- Con un gesto galante Black Blood se desprendió de una de las dos flores de Lis que sujetaban su capa, cargando todo el peso de la misma sobre su hermana.

    -Quizás esta flor si sea lago más digna. Es vuestra, para que tengáis un recuerdo mío. Yo siempre llevaré su pareja conmigo. Así cuando miréis la gema sabréis que pienso en vos.- La frase era cursi, manida, y Black Blood lo sabía pero ya era tarde para pensar algo más ingenioso, el momento había hablado por él.

    Rarity miró al príncipe y a la gema, recogió la flor de zafiro con delicadeza, se inclinó hacia delante haciendo que las miradas de ambos se cruzasen… Y antes de que el Casco pudiera darse cuenta sus hocicos se habían juntado. Había sido un beso sincero, rápido, nervioso, un “no me olvides”, un sabor dulce como una esperanza futura.

    Después con inusitada rapidez, quizás como gesto de vergüenza, musitó un “hasta pronto” y entró en su alcoba cerrando la puerta tras de sí. Estaba feliz, feliz y radiante, se echó sobre la cama y dejó que cálidos pensamientos la arrullaran, en seguida se quedó dormida…
    Por su parte Black Blood estaba ebrio, demasiado ebrio para no haber tomado más que una copa aquella noche…Debería dejarle el trabajo de campo a sus subalternos, estaba claro que aquello no era lo suyo. ¿Cómo podía ser tan inocente? ¿Por qué implicarse tanto con sus años de experiencia? Cerró sus ojos, sintió el aroma de ella en la piel y el sabor de su hocico en la boca. Suspiró pero el aire que exhalaba formó un nombre, el nombre de una unicornio blanca.

    Al llegar a sus propios aposentos, el Casco se desnudó rápidamente y se sirvió una copa de vino, en el que disolvió un polvillo blanco. Bebió mecánicamente mientras intentaba arrojar a Rarity de sus pensamientos y dedicarse a la misión crítica que tenía entre manos.
    Desplegó un mapa del viejo castillo en el bosque Everfree y marcó el acceso a las catacumbas. Al día siguiente debía acudir a la biblioteca para buscar entre los manuscritos de una edad anterior al alzamiento de Nigthmare Moon. Pero ahora estaba muy cansado, el Sol ya era señor del cielo.

    Acarició su flor de Lys y se la llevó a los ojos, el zafiro empezó a palpitar débilmente al ritmo de la voluntad de su dueño.

    A algunos metros de distancia otro zafiro palpitaba también, siguiendo el son de su eterno compañero de baile.

    -Contad uno…Está hecho…- Pensó con satisfacción el Casco antes de entregarse al sueño.

    ¡Gracias y un saludo!

    Edmund


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    Re: Dioses Errantes

    Mensaje por Dante el Sáb Mayo 04, 2013 1:21 pm

    *u* Al fin un fic que merece la pena, gracias por este gran aporte señorito :Ok:

    Tu simple presencia hace que aumente el estatus de todo lo que hay alrededor


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    Re: Dioses Errantes

    Mensaje por Frozen Rose el Lun Mayo 06, 2013 5:28 pm

    HO MY GOSH! :Soawesome:

    BEST FIC EVER! :Giveheart:

    Ya en serio... te habias tardado, espero que llegues a más lectores aqui, pues tu trabajo si que vale la pena...

    Un abrazo Argound Dantes :Ok:

    Froz


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    Gracias a Dantiwis por el GIF de mi OC (Y el de Frozen tambien XD)

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